Corporación Nasa Kiwe

 

Costumbres

Aspectos culturales
La relación de los paeces con el mundo está mediada por una visión del mismo totalmente auténtica.
“En los primeros tiempos no había tierra, ni gente, solo existía KS´A´W WALA “gran espíritu”. Este espíritu era a la vez masculino y femenino, así se reproducía a sí mismo y de ahí otros espíritus como el EKTHE´ “sabio del espacio”, el trueno T´IWE YASE “nombrador de la tierra”, WEET´AHN “el que deja las enfermedades en el tiempo”, el KL´UM “duende que controla el ambiente”, el DAAT´I “espíritu del control social”, S´I´ “espíritu de la transformación”, TAY el “sol”, A´TE “luna”, WEH´A “viento dueño de la atmósfera”, estos son los hijos mayores de KS´A´W WALA “gran espíritu”; los hijos mayores se reprodujeron y originaron las plantas, los animales, los minerales y crearon a un hijo especial llamado NASA “el hombre” (gente). Todos estos espíritus mayores y menores vivían unidos, tenían un solo idioma, el NASA YUWE (lengua Paez) y sabían muchas cosas, unos eran cantores, otros artesanos, otros shamanes, consejeros, músicos y agricultores, entre otros…”
Los elementos del cosmos de la cultura Paez lo constituyen tres hilos conductores que interpretan la relación del hombre con los elementos:
Nasa u’sh o gente espíritu, asociado a la energía de los elementos naturales
Nasa Kiwe o gente naturaleza, alude al mundo poblado por la naturaleza: agua, ríos, quebradas, lagunas, entre otros, en los cuales habitan los ancestros.
Nasa nasa o gente gente. En el mundo de los hombres.[1]
Modo de vida
“El vivir en pequeños ranchos aislados y dispersos en las escarpadas faldas de la cordillera, es el patrón de asentamiento característico de los Páez. A pesar de los esfuerzos gubernamentales, que se remontan hasta la época colonial, por romper este patrón de poblamiento, los Páez se resisten a vivir aglutinados en poblados. Sin embargo, cada uno de los resguardos tiene su pueblo con su mismo nombre a donde acuden desde las montañas en que se levantan sus viviendas para la celebración de las fiestas religiosas o a los pequeños mercados semanales. Por lo general constan de una antigua iglesia de techumbre pajiza, una modesta casa cural, una escuela y otra construcción donde se reúne el Cabildo...La vivienda indígena tradicional conforma un espacio reducido y acogedor. Una simple choza de planta rectangular, techo de dos aguas, paredes construidas con caña entretejida, piso de tierra pisada, una sola puerta y cocina al centro de ella. El fogón, permanentemente encendido, se encuentra formado por tres tulpas enterradas en el suelo. Además de este tipo de vivienda se encuentran otros, que tienden a asimilarse al tipo de vivienda tradicional del colono de la región. Casas de planta rectangular, techo de cuatro aguas, subdivisiones internas y cuarto especial destinado a la cocina. Con frecuencia se utiliza el bahareque y la cal para blanquear las paredes. También aparece la casa en forma de escuadra, pisos y paredes de material, cocina independiente…El ajuar de las viviendas es generalmente escaso y rudimentario. Se pueden mencionar 3 ó 4 ollas de aluminio, 5 ó 6 tasas de metal esmaltado, unas pocas cucharas de metal o de madera, uno o dos cuchillos de cocina, frecuentemente trozos de machete viejo, algunos platos y pocillos, el insustituible molino metálico para el maíz y unas cuantas jigras o bolsas de cabuya de fabricación casera donde se suelen almacenar los escasos alimentos, ropa y otros artículos de consumo familiar”. [2]
Su actividad es la agrícola, básicamente de autoconsumo o subsistencia. Su relación con la tierra es especial y guarda directa relación con sus concepciones de la vida y del mundo que los rodea. De ahí que la función primordial de sus autoridades, además del bienestar de las comunidades a las cuales representan, es la defensa de las tierras que habitan. Dentro de su esquema de producción, las mingas comunitarias en las parcelas, juegan un papel importante.
“La vivienda Páez se encuentra habitada generalmente por una familia nuclear, es decir, el padre, la madre y los hijos solteros. Esta familia nuclear es la unidad social y económica básica; sus miembros no solamente comparten su aislada habitación, sino que juntos trabajan la misma parcela. En algunos casos convive en la misma vivienda más de una familia nuclear, se trata generalmente de un hijo con un hogar recién conformado. En estos casos los dos hogares se comportan como dos unidades domésticas independientes, con sus tierras, presupuesto y fogón aparte uno de otro. De esta manera el patrón de residencia Páez es viri-neolocal ya que los nuevos hogares se asientan dentro de la comunidad del esposo, compartiendo inicialmente el mismo techo de los padres de él y posteriormente construyendo una nueva vivienda en tierra cedida por éstos”[3].
Aspectos políticos
El resguardo es la unidad política básica de los Paeces. Cada uno de estos resguardos posee títulos en los cuales se establecen los límites territoriales. La tierra comprendida entre estos resguardos es de propiedad colectiva de las comunidades que en ellos habitan. Los habitantes de cada una de estas unidades políticas deben cumplir con una serie de obligaciones, entre ellas su participación en trabajos de interés comunal y el desempeño de los cargos que al interior de sus cabildos se les asignen mediante elección democrática. Reciben de sus comunidades el bastón de mando (generalmente elaborado en madera de chonta, con borlas de lana en distintos colores y empuñadura en plata), símbolo de autoridad, jerarquía y respeto.
Estos líderes indígenas, a quienes caracteriza el don de mando, una intachable conducta personal y la justicia en la toma de decisiones, son los responsables de sus comunidades y los interlocutores o intermediarios válidos entre éstas y el Gobierno Nacional.
Para los paeces el ideal de sociedad es aquel que mantiene la armonía con la naturaleza, la conciencia de su historia, la autonomía y autoridad de su propia forma de gobierno.
Tradición oral
La historia oral es fundamental en la vida de los paeces, cada uno de los mitos trae consigo una gran riqueza filosófica útil en la vida diaria, lo que permite que este soporte de la tradición ancestral no se quede simplemente en el pensamiento, sino que se incorpore en la forma en que las comunidades se comportan y se relacionan con el mundo.
Juan Tama - encarnación humana del hijo de K'pish o Trueno- es el modelo Páez de hombre político y benefactor de la comunidad, quien ayuda a los cabildantes a ejercer dignamente su función como representantes y salvaguarda de la integridad de las comunidades que regentan. Para los chamanes paeces Juan Tama es el maestro de maestros en el uso de las plantas medicinales, el control de los espíritus y la adivinación, según afirma Anthony Henman.
“El generalizado mito de Tama - Lliban es lo suficientemente explícito en cuanto a su contenido mesiánico. Lliban o Juan Tama es el hijo del Trueno o de las Estrellas; sacado de las aguas de una quebrada por los chamanes, el niño es entregado a unas doncellas para que con su sangre lo amamanten, pero él es tan fuerte que ellas al poco tiempo mueren. Con la ayuda de los chamanes se convierte en un importante líder, el gran cacique, y defiende a su pueblo contra los invasores, sean los Pijao, Guambianos o españoles. A los dos primeros los enfrenta con la violencia, mediante el uso de la boleadora dada por el mismo K'pish, mientras que a los españoles los enfrenta a través de la ley: crea resguardos y delimita el territorio Páez. Posteriormente desaparece en las profundas aguas de una laguna paramuna, dejándoles por herencia un testamento político tendiente a la defensa de su territorio y cultura y todo un acervo de conocimientos médicos a los chamanes, y lo que es más importante, la promesa de su regreso cuando los Páez lo considerasen necesario. "Yo me iré a vivir a una laguna, yo no muero jamás"”[4].
 
 
 


[1] OSORIO GARCÉS, Carlos Enrique. Paeces por Paeces. Banco de la República, 1994.
[2] PACHÓN, Ximena. Introducción a la Colombia Amerindia. Instituto Colombiano de Antropología.
[3] Ibíd.
[4] Ibíd.